Donde pican los problemas

Autor: Por Walter Giannoni
  • 13/12/2016

Martín Pagés, titular de Ecokil SRL. En un rubro incómodo pero vital para las compañías, este emprendedor encontró un negocio de servicios que incluye el control de plagas, la seguridad alimentaria y la gestión ambiental.

Pocas veces se habla del lado B de las empresas. Ese lugar incómodo donde aparecen palabras como plagas, desinfección, desinsectación, contaminación. O sus actores protagónicos: ratones, moscas, cucarachas, mosquitos, murciélagos, y también las simpáticas pero no menos inquietantes palomas.

Martín Pagés se encaminaba en higiene y seguridad alimentaria cuando decidió dar un leve golpe de timón y fundar Ecokil, una 
Pyme dedicada a la prevención y sanidad integral, con varios rubros, y que tiene en su cartera a grandes compañías de Córdoba.

– Veo que su diploma dice: Especialista en Higiene y Seguridad Alimentaria. ¿Cómo es la historia?

 

–Vengo de la parte de control de alimentos, por eso el 80 por ciento de los clientes son del rubro alimentario. Tenemos también empresas industriales de actividades más duras, como automotrices, pero el fuerte es el control sobre alimentarias, algunas de ellas muy grandes.

 

–¿Y en qué consiste esto, porque yo me lo imagino persiguiendo insectos con una máquina de flit ?

–Les hacemos el control de plagas o les auditamos el sistema integral para el control de plagas que las empresas contratan. Las exportadoras, sobre todo, siguen con mucha atención estos temas, está en juego nada menos que su negocio en el exterior. Nunca dejan toda la responsabilidad en un solo proveedor. Si llaman a otra empresa, a nosotros nos contratan para controlar el cumplimiento de la norma BRC, que es la que se aplica a nivel global.

–¿Usted trabajó en la industria alimentaria?

–Estuve cinco años en el laboratorio de calidad de AGD en Villa Mercedes. En la parte de exportación de manteca de maní. Era un pibe. A los 20 años fui gerente de Calidad. Luego renuncié para armar mi propio negocio en Córdoba, que es este.

–¿Qué lo llevó a dejar esa zona de confort?

–Cuando inicié esto en realidad buscaba una actividad que me permitiera terminar de estudiar. Y el resultado fue que encontré un nicho, un rubro con mucho futuro. Pero no puedo aplicar mi título sino que debo contratar a un ingeniero agrónomo, que es el responsable técnico de la actividad.

- Pero esa idea de la maquinita de flit, es buena, ¿no?

–El manejo integral de plagas ya excede la aplicación de insecticidas o de raticidas. El concepto es mucho más amplio. Para solucionar un problema de plagas en una industria o en un restaurante, hay que tener conocimientos de varias especialidades que confluyen: biología, veterinaria, agronomía y alimentación. El último recurso es el producto químico. Y es una tendencia.

–¿Cómo una tendencia?

–Sí, ya se están empezando a dejar de usar los químicos para el control de plagas. Se comienza a impulsar el desarrollo de bioinsumos. Está apareciendo el control biológico, por ejemplo, para las plagas agropecuarias como polillas, gorgojos. Incluso Cuba ya vende a distintos países una tecnología en esa línea.

–¿Cómo se consiguen soluciones dejando de lado los métodos tradicionales?

–En cualquier actividad los problemas con las plagas se dividen en tres. En la industria alimentaria, el mayor problema es el gorgojo y la polilla. Son plagas primarias que atacan el grano. Queda el huevo en la harina y contamina plantas completas. El insecto puede crecer adentro del envase, en la misma góndola del supermercado, y pasar a otro producto. Si no hay un buen control puede terminar en un desastre.

–Me ha pasado de encontrar bichitos en harinas o legumbres.

–Y a nivel exportación es más jodido aún porque, por ejemplo, el precio del maní exportación también está vinculado con la cantidad de daños por insectos que puede tener el producto. La devolución de un contenedor cuando ya está en destino es un problema grande. Por eso es vital que la industria se asegure en origen esa inocuidad.

–Entiendo. ¿Qué otro grupo de plagas hay?

–En las que se ven a simple vista, lo más problemático son las moscas, las cucarachas o las ratas.

–¡Cómo pasó hace poco con un famoso restaurante de Buenos Aires!

–Claro, pero en todos lados hay casos, eh. Hay muchas clausuras por estas plagas. Después se puede discutir en tribunales de faltas, mientras tanto el local queda cerrado. Muchos miles de pesos en publicidad, marketing y certificaciones pueden terminar sepultados por la aparición de estas plagas.

–La famosa frase: “Mozo, hay una mosca en mi sopa” es en realidad dramática.

–Y tercero está el tema de la salud pública, donde casi exclusivamente el foco pasa por los mosquitos. Pero también tienen incidencia en la industria. Si la gente está molesta en una fábrica porque los mosquitos pican, pueden llegar a parar la planta. Por eso a las empresas se les sugiere que a partir de septiembre, además del control de plagas habitual, tengan un tratamiento especial para los mosquitos.

– ¿Y cómo se controlan esas tres cosas? ¿Una por una?

–En las plagas primarias se trabaja mucho en el control de proveedores para que no ingresen partidas contaminadas. Auditorías a proveedores hasta tratamientos en silos. En cucarachas, moscas y roedores, son todos tratamientos preventivos. Hay que trabajar en trampas, cegaderas, etcétera. Fumigación preventiva con productos residuales y asesoramiento para colocar cortinas mosqueteras, burletes, y otros.

–¿El mosquito se combate fumigando?

–No, no, no... Con la fumigación apenas se controla el 10 por ciento de la plaga. En los mosquitos el foco está en el agua. Por eso se habla del descacharro. Los ovicidas y larvicidas controlan el 60 por ciento del producto. La fumigación química no alcanza. Es un paliativo, nada más.

–¿Las palomas son una plaga?

–Las palomas son el mayor dolor de cabeza que existe. Cuando una empresa tiene problemas de palomas, tiene un problemón. Es la plaga más difícil de tratar. La ley Sarmiento las protege, entonces si para combatirlas alguien apela al rifle de aire comprimido, se expone a cualquier denuncia y a cuatro años de prisión.

–Olvídelo.

–El concepto de plaga es todo organismo en abundancia, en exceso, que transmite enfermedades y que también afecta las actividades económicas del hombre. Ese es el concepto. En una alimentaria, la presencia de palomas puede generar una clausura. Lo que hay que evitar es el anidamiento.

–¿Cuál es su negocio en el control de plagas?

–Sumar clientes corporativos. Las empresas que atienden masivamente al público requieren una desinfección una vez al mes para eliminar virus, bacterias y hongos que están en el ambiente. Pero a nosotros nos interesa el abono mensual, no trabajamos por temporada, sino todo el año.

–Ampliar la cartera, digamos.

–Hay unos 200 prestadores de este tipo de servicio, pero el mercado cordobés tampoco es tan grande porque una misma empresa o profesional puede trabajar en varias compañías del mismo rubro.

–¿Es complicado conseguir el cliente y mantenerlo?

–Lo más difícil es mantener a los operarios porque llevan mucho tiempo de preparación. No es cuestión de ponerse una mochila en la espalda y salir a pulverizar. Hay capacitación en distintas prácticas, manejo de químicos, formas de aplicación, hábitos y comportamientos de plagas que conocer, entre otras.

–¿Usted mismo llegó a realizar esas tareas?

–Sí, claro. Los productos son domisanitarios, la mayoría de baja toxicidad. Pero ya el hecho de trabajar con químicos supone cierto riesgo. No es lo mismo que usted fumigue su casa una vez por temporada a estar todos los días ocho horas con esto. Entonces hay que apuntar a que la aplicación sea el final de una cadena que previamente registró muchos otros pasos preventivos.

- ¿Se puede crecer como empresa con este servicio como ocurre, por ejemplo, con la seguridad privada?

–Tener sucursales genera un desgaste muy grande, por ello desarrollamos un formato de franquicias. Vamos por tres: Marcos Juárez, Alta Gracia y San Francisco.

–Es una franquicia distinta, digamos.

–Por completo. También estamos evaluando una etapa industrial que consiste en fabricar nosotros mismos trampas de luz para moscas y cajas cegaderas.

–De paso baja costos, supongo.

–Sí, es una forma de integrar rubros. Pero lo que más nos interesa es profundizar el servicio mediante un software que permita seguir on line al operador para acortar los tiempos de gestión.

–La respuesta al cliente.

–Achicar los tiempos es fundamental. Cuando la empresa tiene un problema, por ejemplo, la aparición de una plaga, espera respuestas en el acto. Suena duro, pero si en un restaurante ingresa un roedor, lo único que quiere es solucionar ya el inconveniente.

–La velocidad es su pan.

–Sin demoras. También hacemos análisis microbiológicos de alimentos porque para no pocos clientes la velocidad de respuesta en este campo es vital. No se puede esperar un mes para tener un resultado. Como empresa de servicios, necesitamos entender eso.

Básquetbol con amigos

Una religión semanal. Participa en el departamento de alimentos de la Unión Industrial.

Nombre. Martín Pagés.

Hijos. Simón y Pablo.

Empresa. Ecokil SRL.

Empleados. 18.

Clientes. Un centenar de compañías, entre ellas grandes alimentarias, fábricas de vehículos y lácteas, están en la cartera de clientes de la empresa.

Deporte. Juega básquetbol con amigos los martes y sábados.

Teléfono. (0351) 457-5201.

E-mail. mpages@ecokil.com.ar

Web. www.ecokil.com.ar

 

Ver Nota Original: www.lavoz.com.ar